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Soy Claudine Ibarra. Desde hace dos años y medio convivo con el dolor. Creo que desde los pies a la cabeza no hay ni una sola parte del cuerpo que no me duela todos los días y a todas horas, además de tener el cuerpo contracturado, con rigidez articular, inflamación a todos los niveles que me repercute también en la cabeza, intestinalmente, en la piel, la boca, y para completar el cuadro, la fatiga y la sensación de cansancio son siempre mis compañeros de vida.

Debido a la tensión muscular que inconscientemente mantengo durmiendo, la rigidez matutina y el dolor son inevitables. La sensación más fuerte suele durar hasta que me incorporo, me muevo un poco y sobre todo, después de una ducha con agua caliente. El resto del día depende de no se sabe qué, puede acompañarme un dolor llevadero y una leve sensación de cansancio que me permite tener cierta actividad, o puedo tener lo que se llama brote, y entonces todos los síntomas se agudizan y me dejan totalmente incapacitada.

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No puedo hacer planes ni a corto ni a largo plazo, ya que los brotes son imprevisibles y ni siquiera sé lo que me puede durar.

Así que vivo al día, aprovechando y disfrutando cada momento bueno y también aprendiendo a manejar los que no son tan buenos…

He estado casi 30 años dedicada a la danza (español y flamenco). Seguramente el estrés y el desgaste hicieron mella e influyeron en mis problemas de salud. De hecho, cuando empecé a ser consciente de que “me pasaba algo” (finales de 2015) y mi cuerpo dijo ¡hasta aquí hemos llegado!, lo primero que pensé fue que era debido al propio trabajo de danza.

Pero las contracturas se iban sumando, los dolores aumentaban y el cansancio no me permitía tener ni un minuto de energía y esto iba cada vez a más. Así que tuve que abandonar o mejor dicho aparcar el baile. Cerré mi academia de danza (Junio 2016) que llevé durante 20 años, y en estos dos años he hecho algún trabajo esporádico de danza, pero nada regular ni fijo.

Hago ejercicio suave cuando puedo, también yoga, hipopresivos, o simplemente caminar si mis piernas me lo permiten.

Lo primero que empecé a tratarme durante unos meses fue el intestino; Por mi constitución delgada y debido a que siempre hice mucho ejercicio, casi siempre me he permitido comer mucho, y de todo, sin importarme cantidad ni calidad. Maltraté mi intestino durante muchos años. Así que traté de regenerar mi flora intestinal, combatiendo hongos y parásitos que me causaban problemas, y empecé a aprender a cocinar al tiempo que me interesaba por la alimentación saludable. Saqué de mi dieta los productos procesados, las harinas refinadas, el azúcar y la leche. Un poco más adelante, por prescripción médica, dejé el gluten por completo y los lácteos.

Además de la cocina, otra práctica que incluí en mi nueva vida saludable fue el mindfulness. Meditar cada día me ayuda a manejar mis emociones y aprender a mantener la calma.

Y lo mejor de todo esto es que gracias al apoyo e interés de mi familia, ellos se han contagiado de mis nuevos hábitos y en casa todos hemos cambiado el estilo de vida y hemos aprendido a vivir mejor y más felices.

En cuanto a los amigos, está la persona que te comprende, y está la que le resulta difícil entender que puedas estar mal con tan buen aspecto y cuando muchas veces te ve hacer tu vida aparentemente con normalidad. Las limitaciones que provoca esta enfermedad influyen en tus relaciones. Paso mucho tiempo en casa y cualquier plan me parece un mundo, me genera estrés y me suele pasar factura si me exige estar muchas horas de pie, caminar, o salirme de mi dieta. Ya no es tan fácil elegir teniendo que tener tantas cosas en cuenta para estar medianamente normal ante los demás.

Una de las mejores ideas que tuve durante este tiempo de enfermedad fue crear mi blog para compartir mis experiencias y mis problemas de salud, que además difundo en redes sociales.

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Me gusta pensar que puedo servir de inspiración, crear conciencia, e incluso ayudar a otras personas que estén pasando por situaciones parecidas. De hecho, estoy asombrada de la cantidad de pacientes de fibromialgia que estoy conociendo. Entre nosotras podemos brindarnos ayuda y tranquilidad. Por otra parte, no dejo de formarme y aprender de todo lo que tenga que ver con salud. La información me da seguridad y me ayuda a tomar decisiones más acertadas.

Si te apetece contar tu experiencia en Tuvidasindolor ponte en contacto con nosotros. Puedes conocer otros testimonios en “PACIENTES QUE CUENTAN”

Mi tratamiento se basa en una parte de medicación que puede variar, con corticoides y antidepresivos. Y otra de suplementación con vitaminas de todo tipo, que me van cambiando dependiendo de cómo vaya respondiendo. El resto, como contaba antes, lo baso en ir conociendo y escuchando cada vez más a mi cuerpo y darle lo que necesita. Evito todo lo que puedo los tóxicos, tanto alimentarios como medio ambientales, y no paso un solo día sin cocinar y preocuparme por lo que considero que es mi mejor medicina: la comida.

Echo de menos moverme con la misma libertad que antes, y por supuesto la danza. Porque bailar no era mi profesión sino mi forma de vida. He aprendido a encontrar mis debilidades y convertirlas fortalezas, a hacer de la necesidad una virtud, y a aceptar. Nunca tuve que pensar qué quería ser o hacer porque siempre lo tuve. Ahora toca reinventarse y pensar que otros caminos son posibles y puede que hasta mejores. O simplemente que se cierra una etapa para abrirse otra, y a veces solo a través de un duro golpe es cuando reaccionamos y nos atrevemos a arriesgar.

Mis hijos, una niña de 7 años y un niño de 16 años, me recuerdan lo bonita que es la vida y que tengo que estar bien para darles lo mejor de mí. Me siento responsable de ellos y son mi máxima preocupación.

Es muy duro vivir con dolor, pero siempre pienso quetodo pasa por algo, y en este caso el dolor ha venido a decirme ¡para! y a más cosas que poco a poco iré descubriendo. De momento estoy viviendo una época de crecimiento personal como nunca, y la vida dirá qué me depara.

Mi único plan es recuperar mi salud, no tengo más planes a medio plazo.

Como dice el poema de Machado: Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Confío en que esta será otra historia de mi vida que quedará archivada y de la que saldré reforzada, más sabia y mejor persona.

Entonces terminaré de entender y darle sentido a tanto dolor.

Claudine Ibarra

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