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Clara Bergé

Graduada en Fisioterapia. Master en fisioterapia del deporte y readaptación a la actividad física. Apasionada del cerebro humano y especializada en la aplicación de ejercicio como método de rehabilitación. Docente en formaciones de postgrado (FisioFormación). Divulgación y educación de la salud desde #PlanBe Fisioterapia y redes sociales. “Aún siendo fisioterapeuta, abandoné el tratamiento en camilla… ahora mi objetivo es que nunca dejes de moverte ;)”

Es probable que si has padecido o padeces un episodio de dolor recurrente hayas buscado un modo de entender qué es lo que te ocurre. También es probable que hayas acudido a diversos profesionales de la salud y que todos ellos te hayan respondido con una explicación coherente acerca de las posibles causas de tu #dolor. Lo curioso es que, a veces, esas explicaciones no se parecen en nada, incluso son contradictorias para ti.

Esto puede hacerte sentir #engañad@, #perdid@, #insegur@…

La información que recibes es contradictoria y eso hace que pienses:

“No saben qué es lo que me pasa y hasta que no lo sepan, no me voy a curar”

Pensar esto no ayuda mucho, más bien todo lo contrario. Para mirar de justificar por qué ocurren situaciones similares os proponemos leer la fábula de Mortimer (1968):

Los hombres ciegos y el elefante

Érase una vez una pequeña aldea dónde vivían seis hombres ciegos.

Un buen día, los otros aldeanos les dijeron: “Oigan! hoy hay un elefante en el pueblo”.

No tenían idea de qué era un elefante, no obstante, reclamaron: “Aunque no podamos verlo, déjennos ir para poder sentirlo”. Y así fue, los seis acudieron dónde se encontraba el elefante y se acercaron cuidadosamente a él para tocarlo.

Hombres ciegos y elefante

“Oh sí, el elefante es un pilar”, dijo el primer hombre tocando una de sus patas.

“¡Oh, no!, es como una cuerda”, dijo el segundo hombre tocándole la cola.

“¡Oigan no!, es como una gruesa rama de árbol”, dijo el tercer hombre tocando su trompa.

“¡Qué va! Es como un abanico grande”, dijo el cuarto hombre tocando una de sus orejas.

“¡Os confundís! Es como un gran muro”, dijo el quinto hombre tocándole el vientre.

“¿Pero no lo notáis? Es como una tubería sólida”, dijo el sexto hombre que tocó uno de sus enormes colmillos.

Comenzaron a discutir sobre el elefante y todos insistieron en que tenían razón.

Parecían cada vez más alterados hasta que un hombre sabio que pasaba por allí y los vio, se detuvo a preguntarles: “¿Cuál es su problema?”

Uno de ellos respondió: “No podemos ponernos de acuerdo en cómo es un elefante”.

Cada uno explicó entonces al sabio cuál era su hipótesis acerca de la forma del elefante. Tras escucharlos a todos, el sabio les explicó tranquilamente:

“Todos tenéis razón, el motivo por el que cada uno de vosotros lo expresa de modo diferente es porque cada uno tocasteis una parte diferente del elefante. Por tanto, en realidad, el elefante tiene todas esas características que estáis diciendo.”

“Sorprendente” exclamaron, y no hubo más peleas.

Se sintieron felices de tener todos razón.

La moraleja de la historia nos hace reflexionar sobre la probabilidad de que haya algo de #verdad en lo que cada uno dice.

A veces seremos capaces de entender esa verdad y otras no, porque puede que tengamos una perspectiva diferente.

Cuando se habla sobre #DOLOR ocurre algo similar:

Un neurólogo preocupado por la fisiología de los nervios, puede concluir que los patrones de activación anormales pueden ser la causa de esta sensación.

Un psicólogo puede describir cómo las experiencias pasadas de cada uno y la respuesta emocional a los #miedos influye sobre la intensidad de la percepción del dolor.

Un traumatólogo, puede pensar que la causa se originó por una disfunción a nivel articular y un fisioterapeuta, por los déficits propioceptivos y los desequilibrios musculares ocurridos.

Todos pueden estar en lo cierto (o todos equivocados) y esto es un sello distintivo de la diversidad de enfoques existentes cuando hablamos de #dolor.

Tenemos que aceptar que todavía queda mucho por descubrir acerca del cerebro humano y éste es como el “cuadro de mandos” de nuestro organismo. El cerebro evalúa continuamente y puede considerar amenazas “erróneas” que provocan #dolor.

 

Hay muchos campos que “conectar”, muchos puntos de vista basados en los conocimientos específicos de cada profesional; así pues, se realza la importancia del trabajo en equipo multidisciplinar con la participación activa imprescindible de un protagonista, la persona que siente el #DOLOR.

Gracias por ayudarnos a difundir ¿Compartes?

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