Dolor crónico, dolor generalizado, sensibilización central y fibromialgia. ¿Sabes distinguirlos? 4.95/5 (21)

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A menudo observo que a mi consulta acuden pacientes que no tienen clara la diferencia entre distintos aspectos de dolor. Que vienen con ideas preconcebidas acerca de cosas que han oído sobre la sensibilización central, la fibromialgia o el dolor generalizado y que les producen confusión -en el mejor de los casos- y miedo, en el peor de ellos.

Hoy quiero intentar explicaros algunos de los términos que podéis escuchar en relación al dolor para que los distingáis entre sí y podáis saber un poco mejor qué es lo que implica cada cosa.

¡A ver si lo consigo!

Empezaré por lo más sencillo de todo.

¿Qué es dolor crónico?

Pues, simplemente es un dolor que permanece durante más de tres meses, que no desaparece en este tiempo, ni de forma espontánea ni con un tratamiento analgésico adecuado.

No importa en dónde esté localizado nuestro dolor, ni cuál sea el motivo que ha hecho que aparezca. Si permanece durante más de tres meses, y no responde a tratamiento los profesionales ya hablamos de dolor crónico.

Muy importante tener claro que el hecho de que un dolor sea crónico NO IMPLICA QUE SEA PARA TODA LA VIDA.

Significa sólo que en este momento, o bien el motivo que lo causa todavía no ha sido eliminado y necesita más tiempo, o bien no tenemos el conocimiento o los medios adecuados para poder eliminarlo.

Nada más.

Dolores crónicos son muchas lumbalgias inespecíficas, los que produce una artrosis de rodilla en ocasiones, una neuralgia del trigémino…

Como veis, en esta definición la localización, el origen del dolor y la intensidad del mismo no importan. Sólo la duración.

Vamos con el siguiente concepto.

¿Qué es dolor generalizado?

Se considera dolor generalizado cuando el dolor aparece al mismo tiempo en distintas zonas del cuerpo, incluyendo necesariamente zonas por encima y por debajo de la cintura, y zonas a la izquierda y a la derecha de una línea teórica que nos dividiera por la mitad, desde la cabeza para abajo. Es decir, además de tener dolor en varias localizaciones éste se tiene que repartir por los cuatro cuadrantes del cuerpo.

Si tenemos dolor en el brazo, codo, y mano del lado izquierdo, no se dice que tenemos dolor generalizado. Pero si el dolor aparece, por ejemplo, en la cabeza, en los glúteos, y en una rodilla, entonces sí que podemos hablar de dolor generalizado.

Es decir, en esta definición lo relevante es que tengamos dolor en varias localizaciones diferentes, y que éstas, a su vez, estén repartidas de modo heterogéneo.

Dolor generalizado no quiere decir que NOS DUELE TODO.Es una forma que tienen los profesionales de poner de relieve que hay varias áreas que están con dolor, lo que implica que su abordaje será más complejo.

fibromialgia-sensibilizacio

Ahora vamos a un concepto un poco más complicado.

¿Qué es la sensibilización central?

Hablamos de un proceso de sensibilización central cuando hay una respuesta incrementada de las neuronas nociceptivas del sistema nervioso central.

¿Qué significa eso?

La sensibilización central hace que nuestro cerebro esté en un estado de alerta permanente y reaccione de forma exagerada a los estímulos incluso no dolorosos; magnificando así la información sensorial que nos llega del medio.

Aunque el sistema periférico (los nervios que se encargan de llevar la información al cerebro) funcione normalmente, la información se amplifica cuando es procesada y aparecen varios fenómenos extraños, entre los cuales destacamos dos, por ser los que más influyen en la sensación de dolor: la alodinia y la hiperalgesia.

  • La alodinia consiste en que nuestro cerebro “traduce” como dolor sensaciones de estímulos que no son dolorosos de forma normal, como el roce suave de distintos objetos con la piel, la temperatura, o incluso otras cosas impensables como los sonidos, o la luz.
  • La hiperalgesia consiste en tener una respuesta aumentada ante estímulos dolorosos, es decir, que algo que debería doler muy poquito duele muchísimo. Existe una desproporción entre el golpe que nos hemos dado o la herida que nos hemos hecho y el dolor que nos produce, que es mucho mayor de lo razonable en función de la lesión. Es común que escuchemos cosas como “eso no es como para que te duela tanto…”

La sensibilización central es un fenómeno que los profesionales estamos empezando a comprender desde hace poco tiempo, y aún existe desconocimiento sobre él…

En la población general ese desconocimiento es aún mayor, y en consecuencia nos encontramos que algunos pacientes no pueden creer que dado el dolor que sienten no exista una lesión equivalente, y por otro lado las personas que rodean al paciente pueden pensar justo lo contrario, que dado que la lesión es muy pequeña o inexistente no justifica el dolor que refiere el paciente y que éste es un “llorica” o un “exagerado”…

Ninguna de las dos cosas son verdad.

El paciente siente ese dolor y la lesión es así de pequeña o no existe. Es el cerebro el que está funcionando mal. Podemos encontrar procesos de sensibilización central en muchas enfermedades como cefaleas y migrañas, endometriosis, artritis reumatoide, o fibromialgia.

¿Qué es fibromialgia?

Y llegamos así a la última de las palabras que hemos utilizado en el título y que hemos elegido porque es una enfermedad en la que se dan las tres condiciones: dolor crónico, dolor generalizado y sensibilización central.

Vais a encontrar seguro muchas definiciones diferentes en las páginas webs que visitéis.

Y también versiones diferentes incluso dentro del mundo científico. ¿Por qué?

Voy a intentar explicaros las dificultades de ofrecer una buena definición de una enfermedad como esta… En medicina hay enfermedades muy fáciles de diagnosticar, que son las que tienen una etiología (una causa) clara y conocida.

La fibromialgia no tiene causa conocida.

No hay un virus, ni bacteria, ni lesión orgánica, ni problema genético, ni malformación, ni déficit o exceso de algo que justifique su aparición. Así que hablamos de una enfermedad que, sin una causa conocida se tiene que definir en función de la sintomatología. Y en el caso de la fibromialgia… ¡Hay taaaaaantos síntomas!

Para ayudarse al diagnóstico, y poder estudiar las patologías que no tienen causa clara, los médicos crean unos sistemas de clasificación en base a síntomas.

Son los criterios de clasificación o criterios diagnósticos, que permiten agrupar a los pacientes con características homogéneas. En el caso de la fibromialgia durante mucho tiempo se utilizaron los criterios elaborados en 1990 por la Asociación Americana de Reumatología (ACR) que la definía así:

Criterios 1990 de la ACR para la clasificación de la Fibromialgia

1. Historia de dolor generalizado durante al menos 3 meses.

2. Dolor en al menos 11 de 18 puntos dolorosos a la palpación digital.

El paciente tiene fibromialgia si se cumplen los dos criterios.

¿Verdad que ahora entendéis mejor el segundo criterio? Debe haber un dolor generalizado que además sea crónico.

Sin embargo, estos criterios no eran muy buenos…

Los profesionales nos dábamos cuenta de que no discriminaban bien. Que, según nuestro juicio clínico, había pacientes que cumplían esos criterios de clasificación, pero no tenían “fibromialgia” tal y como nosotros la entendíamos.

Y que había pacientes que sí que la tenían, pero que no cumplían esos criterios.

¿Porqué?

La fibromialgia es una enfermedad muy compleja en la que el dolor es un síntoma predominante, pero no lo único que ocurre, y en la que el fenómeno de sensibilización central está tremendamente presente haciendo que el cuerpo funcione de un modo extraño y anómalo. Y eso no se veía bien reflejado en los criterios de 1990.

Así que los científicos tuvieron que diseñar otros criterios de clasificación que fueran más ajustados a eso que hemos decidido llamar “fibromialgia”.

Así nacieron los criterios de 2010, que son mucho más complejos, y que utilizan dos escalas con las que se evalúa el índice de dolor generalizado y el índice de gravedad de síntomas. Aunque seguramente estos criterios tampoco son perfectos, en mi opinión, permiten una aproximación más exacta al complejo mundo de la fibromialgia.

En cualquier caso, hay que recordar que las etiquetas con las que nombramos las cosas no son lo importante.

La medicina y la psicología trabajan con personas y las personas no son máquinas; son más bien obras de arte. Los que saben mucho de arte son capaces de decir si una obra es auténtica o no, aunque no sepan medir ni definir a la perfección como llegan a esa conclusión en cada caso.

Los clínicos, cuando alcanzamos cierto grado de experiencia, sentimos un poco esa misma certeza: sabemos cuándo tenemos una persona con fibromialgia delante aunque no podamos definirla con exactitud con unos criterios universales.

Espero que ahora podáis tener más claro de qué hablamos en cada caso.

Y no perdáis nunca la esperanza: se llame como se llame el problema, lo importante es trabajar para encontrar la solución. ¡Contad con nosotros!

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Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en modificación de conducta y terapia cognitivo conductual, con formación de postgrado en diagnóstico y tratamiento en diversas áreas, siendo la del dolor crónico, fibromialgia y enfermedades reumáticas dónde mayor experiencia posee. Es también docente y autora de diversos artículos y trabajos científicos en dolor y enfermedades reumáticas. Entre otros cargos, es miembro fundador y actual presidenta de OpenReuma (Asociación de Otros Profesionales en Reumatología), y coordinadora del grupo de trabajo “Psicología y Dolor” del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Actualmente trabaja en el centro de psicología Positivamente.